11 cosas raras que solo entenderán las personas con alta ansiedad





Estás escribiendo el texto de un mensaje. Lo relees. Borras la mitad. Vuelves a escribir. Piensas: "¿No suena demasiado agresivo este punto al final?". Suspiras y pones un emoticón. ¿Te suena? Si es así, bienvenido al club. Ocupa cualquier asiento libre (preferiblemente cerca de la salida, lo entendemos todo).

11 cosas raras que solo entenderán las personas con alta ansiedad

Las personas con alta ansiedad no son unos extraterrestres raros. Y desde luego, no son los que simplemente "se preocupan demasiado". Más bien, son expertos de primera clase en potenciales catástrofes de quinto grado. Nuestro cerebro funciona como un radar, que escanea la realidad en busca de cualquier amenaza, incluso la más microscópica. Y lo que a los demás les parece una extravagancia, para nosotros es un mecanismo de supervivencia perfeccionado durante años en un mundo donde hay demasiada incertidumbre.

Seamos honestos. Hay cosas que solo entenderá quien tenga el sistema nervioso constantemente a tope. Y no, te pasa nada malo. Es que tu procesador interno está un poco sobrecalentado.

1. Ensayar conversaciones. Hasta el cansancio

No, no nos estamos preparando para una charla TED. Simplemente vamos a llamar para pedir una pizza a domicilio. O a responderle a un colega en el bebedero. El cerebro ansioso cree sinceramente que si reproducimos en la cabeza las 14 posibles variantes de desarrollo del diálogo, estaremos a salvo. Cómo pedir un café, cómo decir "no" para que no te odien hasta el fin de tus días.

¿Lo más gracioso? Cuando esa conversación finalmente ocurre, no sigue el guion en absoluto. El barista hace una pregunta inesperada sobre el sirope, y toda la preparación casera se va al traste. Pero el cerebro aun así marca la casilla: "Nos hemos preparado, somos geniales".

2. La planificación como religión

Los planes son nuestro oxígeno. Cualquier imprevisibilidad es una ducha helada. Miramos con antelación las panorámicas de las calles en Google Maps para entender cómo es la entrada a un nuevo café. Leemos el menú de los establecimientos en línea, sentados en casa en el sofá, para luego no quedarnos delante del camarero con cara de alumno de primaria que ha olvidado el poema.

¿Encuentros casuales? ¿Viajes espontáneos? Probablemente no. Dadme un horario, una ruta y tres opciones de reserva por si llueve.

3. Llamada entrante = pequeña muerte

Suena el teléfono. La melodía, que antes parecía agradable, ahora suena como una sirena de alarma aérea. El mundo a nuestro alrededor se paraliza. Responder ahora mismo significa saltar desde un acantilado sin seguro al abismo de la improvisación.

Podemos escribir durante horas mensajes largos e ingeniosos en el mensajero. Pero una llamada de un número desconocido es capaz de hacernos olvidar nuestro propio nombre. "¿Quizá vuelvan a llamar? ¿O escriban? Por favor, que solo escriban".

4. Cinturón negro en fidgeting

Girar un anillo en el dedo. Hacer clic con el bolígrafo. Acariciar la costura de los vaqueros. Enrollar y desenrollar un recibo de papel de la tienda. Puede que los que nos rodean ni siquiera se den cuenta, pero nuestras manos están constantemente ocupadas en algo. No es una mala costumbre. Es una válvula de escape.

11 cosas raras que solo entenderán las personas con alta ansiedad

A través de estos movimientos pequeños y rítmicos liberamos el exceso de adrenalina. A veces, de repente te das cuenta de que has desmontado un mechero en moléculas mientras escuchabas al jefe en la reunión. Pasa.

5. Batallas épicas con tareas sencillas

Pedir cita con el dentista. Enviar un correo electrónico importante (o no tanto). Para una persona normal, es cosa de tres minutos. Para nosotros, un proyecto en toda regla.

Escribimos la carta, la releemos cinco veces. Comprobamos las comas. Cambiamos "Atentamente" por "Sinceramente suyo". Luego decidimos que es demasiado pomposo. Lo volvemos a poner. Pulsamos el botón "Enviar" y nos quedamos otra hora sentados mirando a la pared, analizando: ¿no he saludado con demasiada sequedad?

6. Búsqueda interminable de confirmaciones

"¿De verdad que no te enfadas?", "¿Está todo bien?", "¿No he dicho ninguna tontería?". No hacemos estas preguntas porque queramos llamar la atención. Buscamos desesperadamente un punto de apoyo.

La ansiedad nos susurra al oído que la hemos cagado en algo y que ahora todos nos odian en secreto. La respuesta "todo está bien" proporciona un alivio momentáneo. Lástima que al cabo de un par de horas la ansiedad vuelve, exigiendo una nueva dosis de garantías.

7. Culpabilidad por el descanso

¿Tumbarse en el sofá con una serie? Suena genial. Pero a los diez minutos empieza a rascar por dentro una sensación desagradable: "Estás perdiendo el tiempo. El mundo se está derrumbando mientras tú estás aquí tumbado. No te mereces esta pausa".

Para una persona ansiosa, la productividad es una armadura. Mientras haces algo, corres, resuelves, la ansiedad no puede alcanzarte. Pero la detención es percibida por la psique como un riesgo. Por eso nos cansamos el doble: primero de las cosas, y luego de no poder relajarnos.

8. Salida de emergencia siempre a la vista

Dondequiera que estemos -en una fiesta, en una reunión de trabajo, en el cine-, escaneamos inconscientemente el espacio. Nos sentamos al borde. Preferiblemente para poder ver la puerta. Siempre tenemos una razón legal para irnos ("tengo que sacar al perro", "tengo que levantarme temprano"). No es paranoia. Es una garantía de que si el contenedor interno se desborda, podremos evacuar sin más preguntas.

9. Arquitectos de las desgracias ajenas

No solo nos preocupamos por nosotros mismos. Asumimos la responsabilidad de toda la creación. ¿Un amigo ha ido a una entrevista de trabajo? Nos ponemos más nerviosos que él. ¿Mamá no contesta al teléfono en 15 minutos? Ya estamos escribiendo en la cabeza el guion de una película de catástrofes de Hollywood.

Y luego empezamos a ponernos nerviosos por estar demasiado nerviosos. Un círculo vicioso del que es muy difícil salir.

10. Jurado popular sobre cada elección

¿Comprar una chaqueta negra o azul oscuro? ¿Pedir pasta o ensalada? Las decisiones sencillas se convierten en un análisis angustioso. Porque si eliges mal, pasará... ¿qué? Nadie lo sabe, pero el cerebro da la voz de alarma.

Y lo más frustrante es que, una vez tomada la decisión, seguimos dudando. "Debería haber cogido la azul. Seguro. La negra me engorda y, además, atrae el polvo. Qué error".

11. La radio "¿Y si...?" emite 24 horas al día, 7 días a la semana

El principal problema no es que tengamos miedo al futuro. El problema es que el cerebro no sabe cómo apagar esta transmisión.

11 cosas raras que solo entenderán las personas con alta ansiedad

"¿Y si llego demasiado pronto? ¿Y si llego tarde? ¿Y si hago una broma y nadie se ríe?". Es un podcast personal sobre miedos que no se puede pausar. Y ahí estás, tumbado a las dos de la madrugada en tu suave cama, y de repente recuerdas con una claridad cristalina cómo en 2018 respondiste "igualmente" al camarero que te deseó buen provecho. Y ya está. Se acabó el sueño.

Sabes... si te has reconocido al menos en la mitad de estos puntos, respira hondo. No estás roto. Tu sistema nervioso simplemente se está esforzando mucho por protegerte, aunque sea de formas tan ridículas. Permítete no ser perfecto, cancelar planes si no tienes fuerzas y no coger el teléfono cuando llama un número desconocido. Al fin y al cabo, para eso se inventaron los contestadores automáticos.