Creencias limitantes: cómo nosotros mismos construimos muros en nuestra cabeza





Estamos acostumbrados a pensar que nuestras vidas están determinadas por las circunstancias: el tipo de cambio, un jefe estricto, la falta de tiempo o la ausencia del diploma necesario. Pero si observamos de cerca, las verdaderas fronteras no están en el mapa de la ciudad ni en la aplicación bancaria. Están dentro de la cabeza. Son esos "no puedo", "no es para mí" y "ya es tarde" que tomamos como leyes de la física inmutables.

Creencias limitantes: cómo nosotros mismos construimos muros en nuestra cabeza

¿Qué clase de bestias son estas: las creencias limitantes?

Si dejamos de lado la palabrería psicológica, una creencia limitante es simplemente una idea que una vez aceptaste como verdadera y olvidaste volver a verificar. Ya sabes cómo es: a los cinco años te dijeron que cantabas mal, y a los treinta y cinco todavía guardas silencio obedientemente en el karaoke, aunque tu voz sea, posiblemente, como la de un joven Sinatra. Tomamos experiencias pasadas aleatorias, a menudo dolorosas, y las convertimos en una regla de hierro.

Estas instalaciones son traicioneras por su lógica. No gritan: "¡Soy tu miedo!". No, susurran: "Sé realista, no tienes las conexiones para este negocio" o "A tu edad ya no cambias de profesión". Y tú asientes. Estás de acuerdo. Y la pared se vuelve más gruesa. No es la realidad la que te limita. Es tu filtro de percepción el que corta todo lo que no encaja en él.

Tu guardaespaldas personal con malas intenciones

La influencia más fuerte la tienen los pensamientos que conciernen a tu personalidad. "No soy de esas personas que...", "Siempre lo arruino todo", "Soy mediocre". Tales frases no son sólo palabras. Son comandos para tu cerebro. Si crees que la comunicación con la gente es una tortura, subconscientemente elegirás las poses más cerradas y los temas más aburridos, sólo para escapar lo antes posible. Y luego dirás: "Ya ves, ya decía yo que soy un introvertido fracasado".

Es importante entender una cosa. Estas creencias tienen una función: protectora. Sí, sí, tu cerebro no es tu enemigo, simplemente es muy vago y cobarde. La creencia "no lo necesito" o "ahora no es el momento" es un capullo acogedor. Si no lo intentas, no dolerá. No habrá rechazo. No habrá decepción. Elegimos una monotonía predecible en lugar de un riesgo brillante, porque en la monotonía seguro que no nos morderán. A corto plazo, esto funciona. A largo plazo, convierte la vida en una sala de espera.

La trampa del "sentido común"

A veces las creencias se disfrazan de inteligencia. "El mercado está saturado", "Necesitas tener un capital inicial", "Primero tienes que perder peso/estudiar/encontrar un marido". Lo llamamos racionalidad. Pero la verdad es que para cualquier teoría se puede encontrar confirmación. Si estás buscando razones por las que no vas a tener éxito, el Universo te proporcionará una lista completa con sellos y firmas.

No compruebas estos pensamientos. Les obedeces. Es un círculo vicioso. La creencia dicta el comportamiento, el comportamiento excluye la nueva experiencia, y la ausencia de experiencia confirma que la vieja creencia era correcta. Pero, ¿y si te digo que este círculo puede romperse con una simple duda?

Cómo dejar de creerte todo lo que dices

Trabajar con esta telaraña mental no se trata de afirmaciones frente al espejo. Se trata de honestidad. Intenta tratar tus "verdades inquebrantables" como hipótesis. Una hipótesis es algo que requiere pruebas en el campo, no en el gabinete de tus reflexiones.

  • Hazte la pregunta: "¿Y si no fuera así?". Simplemente admite la probabilidad. Un uno por ciento de duda ya crea una grieta en la pared.
  • Encuentra el beneficio. ¿De qué te protege este pensamiento? Si crees que "el dinero es malo", ¿quizás simplemente tienes miedo de la responsabilidad que conlleva?
  • Realiza un experimento. No es necesario que mañana mismo dejes tu trabajo y saltes en paracaídas. Da un pequeño paso que contradiga tu creencia. Escríbele a una persona con la que tenías miedo de hablar. Prueba algo en lo que te considerabas un profano.

La realidad sólo se comprueba con la acción. Mientras das vueltas a los pensamientos en tu cabeza, parecen de hormigón. Pero en cuanto empiezas a moverte, resulta que el hormigón era de cartón. No estás obligado a cambiarlo todo de golpe. Basta con dejar de tomar tus viejos miedos por leyes del universo. Al fin y al cabo, la vida es mucho más amplia que las fronteras que te has dibujado en el borrador de tu pasado.