Sabes, hay personas que parecen estar iluminadas desde dentro. Clarissa Sirica es precisamente de esta rara estirpe. Modelo, bloguera, eterna viajera con una cámara en las manos. Mientras que algunos coleccionan sellos en el pasaporte para presumir, ella colecciona luz, sombras y sonrisas fortuitas de transeúntes en París o Bali.
La apariencia de Clarissa es un juego constante. Hoy puede parecer una heroína de cine negro: audaz, brusca, con esa mirada que hace que los transeúntes se giren. ¿Y mañana? Mañana la verás con un vestido vaporoso, riéndose de alguna tontería. No es un juego para el público. Simplemente, dentro de ella conviven dos chicas diferentes. A una le encanta el desafío, a la otra, la tranquilidad del café matutino en una ciudad desconocida. Y ambas son auténticas.
La creatividad para ella no está en las pasarelas. Está en los detalles. En cómo la luz se posa sobre una vieja pared de ladrillo, en cómo se combina el cuero áspero de una chaqueta con la seda delicada. No es simplemente un "rostro en el encuadre". Clarissa construye el propio registro visual de su vida. Mira su blog. No es un catálogo de marcas, sino un diario personal, donde la fotografía es una forma de recordar el olor de la brisa marina o el sonido de la lluvia en Tokio.
Los viajes para Sirica hace tiempo que dejaron de ser solo un trabajo. Son su combustible. Probablemente, en los aeropuertos se siente más en casa que entre cuatro paredes. Cada viaje es un nuevo papel, una nueva paleta. A menudo dice que la cámara le ayuda no solo a mirar, sino a ver. ¿Sientes la diferencia? Detenerse. Capturar el momento. Conservarlo hasta que se desintegre en polvo.
El estilo de Clarissa es un caos elevado a la categoría de arte. Mezcla fácilmente la sensualidad con una ingenuidad casi infantil. Pero, ¿sabes qué es lo más atractivo? No tiene esa arrogancia brillante. Parece una más. Esa misma amiga que puede escaparse a otra ciudad el fin de semana, llevándose solo un cepillo de dientes y una película de repuesto para la cámara. Y, sinceramente, es mucho más interesante observar esto que las sesiones de estudio perfectas.
Ella sigue volando, filmando y cambiando. Y, al parecer, en este movimiento reside su verdadera belleza. No en los rasgos faciales correctos, sino en la forma en que absorbe este mundo con avidez. Sinceramente. Sin filtros que impidan respirar.